VENEZUELA V: OPERETA EN CARACAS
Las reservas petroleras de Caracas no constituyen un centro de gravedad significativo del conflicto.
François Soulard (@franersees)
Fundador de la plataforma Dunia, ensayista (*).
8 de enero de 2026
Un golpe decisivo cayó
en la mañana del 3 de enero sobre Caracas. El ataque contra objetivos militares
y la captura del mandatario venezolano y su esposa por parte de los Estados
Unidos, llevado a cabo con tanta eficacia en nombre de la política antidroga
que presupondría de por sí la existencia de un acuerdo o una filtración previa,
condensa de repente la atmósfera de una época y remite a la larga serie de
intervenciones que marcaron la historia del continente americano. Al igual que
en los inicios de la política hemisférica enunciada a mediados del siglo XIX
por los Estados Unidos, la cañonera de uno va dando paso a la pisada imperial
del otro, facilitada ahora por la «pax trumpiana », mientras
el derecho internacional queda sacrificado en el altar del uso de la fuerza.
Sin embargo, este gesto
redentor, lanzado tras el agotamiento de las medidas de presión aplicadas a
Venezuela, deja al país en una encrucijada. ¿El día siguiente será el de una
implosión, de un cambio de régimen y una transición democrática, o más bien el
de un endurecimiento relativo de su aparato? Las consecuencias de la maniobra
táctica del 3 de enero ya ponen de manifiesto enormes contradicciones e incitan
inevitablemente a la comunidad internacional a intentar discernir las
verdaderas ambiciones estratégicas que fundamentaron la iniciativa. Esta
confusión de objetivos es precisamente un nudo gordiano del conflicto, que lo
inscribe plenamente en la fisonomía de la guerra moderna.
El análisis a
continuación sugiere que el futuro próximo de Venezuela difícilmente podrá
coincidir con una transición negociada hacia la democracia, o con la
sustitución del régimen actual por otro más moderado con fines de
estabilización, incluyendo, eventualmente la expulsión de la presencia
ruso-china y del narcotráfico. Aunque pesan en la balanza, las reservas
petroleras de Caracas no constituyen un centro de gravedad significativo del
conflicto. El objetivo estratégico radica sobre todo en la voluntad de sumir a
Venezuela en una situación de crisis, mantener su condición de apéndice de Cuba
y Washington y, eventualmente, encastrarlo en un dispositivo de gobernanza en
contexto de emergencia[1],
tal y como se está experimentando actualmente en Gaza[2]
y Ucrania[3].
Para comprender esta
situación en profundidad, es necesario situarse en el contexto conflictivo que
caracteriza a Venezuela y a la zona sudamericana. Su interpretación es en
muchos aspectos contra-intuitiva, debido principalmente a la falta de marcos de
interpretación adecuados y a la complejidad de las estrategias desplegadas en
el ámbito perceptivo e informacional. El ejercicio requiere por lo tanto rigor
y renovación de los modos de análisis habituales.
Golpazo en la cabeza y endurecimiento
El golpe asestado a la
cabeza de Venezuela, tras casi tres décadas de confrontación y bravuconadas de
una intensidad sin precedentes con Washington, parece marcar el fin de una
época. Sin embargo, en el momento de escribir estas líneas, no se ha producido
ningún cambio de régimen, ni insurrección masiva, ni colapso de un aparato
político-militar que no dudó en aplicar el despotismo a su sociedad durante un
tiempo extendido. Más bien al contrario. Mientras el país está controlado
militarmente, la vicepresidenta, Delcy Rodríguez, inmediatamente confirmada en
su cargo interino y sospechada[4]
de colaborar con la inteligencia estadounidense y de estar involucrada en el
tráfico de drogas[5],
decretó el estado de excepción[6],
cuyos términos ya se habían preparado en septiembre de 2025[7]
en respuesta a la operación Southern Spear[8]
de los Estados Unidos. Este último autoriza, en particular, la persecución
de las personas que colaboraron[9]
en la expedición punitiva en suelo venezolano. La nueva presidenta cuenta con
el apoyo de su hermano Jorge Rodríguez, actual presidente de la Asamblea nacional,
ambos siendo pilares históricos del chavismo. Aunque proclaman retóricamente la
inviolabilidad del mandato del jefe de Estado capturado y exigen su restitución
física, las nuevas autoridades se comprometieron a llevar adelante una
transición que avala su ausencia. Estas posiciones obtuvieron el apoyo tanto
del ejército venezolano[10]
como de Washington[11].
En segundo plano, la
oposición política al madurismo, encarnada en las figuras de María Corina
Machado y Edmundo González, queda por el momento al margen de cualquier
responsabilidad en la transición y recibió un trato ambiguo por parte de los
Estados Unidos. Por último, el acuerdo de exportación de crudo[12],
que acaba de anunciar Donald Trump, vuelve a poner en primer plano los
intereses geoeconómicos de los Estados Unidos y no deja de enviar una señal
perturbadora al mercado energético. No obstante, la iniciativa se enfrenta a
enormes obstáculos industriales[13]
y financieros[14],
remitiendo en última instancia a la esclerosis de la sociedad venezolana para
redinamizar su actividad económica.
En el plano interno,
cabe observar que la acefalía del país inaugura, al menos durante estos
primeros días, un ciclo combinando ciertas concesiones y endurecimiento
relativo del régimen, con atribución de facultades excepcionales, justificadas
por la crisis. A nivel regional e internacional, las alianzas como la Organización
de Estados Americanos (OEA) o la Comunidad de Estados Latinoamericanos y
Caribeños (CELAC) se pierden en vagas declaraciones acerca del derecho
internacional y se muestran divididas[15],
mientras gran parte de los gobiernos del continente, incluidas las poblaciones[16],
apoyan abiertamente la intervención y la captura de Nicolás Maduro. En cuanto a
China y Rusia, amenazas hemisféricas para algunos, contrapeso multipolar para
otros debido entre otros elementos al suministro efectivo de armamento, su
papel se reduce por el momento al de espectadores.
La naturaleza política y geopolítica de
Venezuela
Volver sobre la
naturaleza política de Venezuela brinda una perspectiva indispensable para
comprender la substancia de lo que acaba de ocurrir entre Caracas y Washington.
El país bolivariano
emerge como un polo de contestación de los Estados Unidos con la aparición de
Hugo Chávez y su movimiento nacionalsocialista a partir de 1992. Entre 1970 y
1990, el país sufrió las consecuencias del giro neoliberal, cuya vocación de
vasallaje y ofensiva económica ha sido bien descrita por autores como John
Perkins[17]
o Mehrsa Baradaran[18].
La insurrección del Caracazo, en 1989, supuso una importante conmoción
social, a partir de la cual Hugo Chávez intentó en vano tomar el poder mediante
dos golpes de Estado. Inició entonces una relación fusional con La Habana, que
se encontraba entre la espada y la pared en el plano económico y buscaba un
sustituto al aliado soviético. En 1998, Fidel Castro apoyó la campaña electoral
del líder bolivariano proporcionándole efectivos de la inteligencia cubana. La
CIA[19]
también prestó su apoyo a la campaña respaldando al bando chavista.
La victoria electoral
de Hugo Chávez y del Movimiento Quinta República ratificó la infiltración
integral del Estado venezolano por parte de Cuba, bajo la apariencia de un
proceso de integración binacional. La industria petrolera, el sistema social y
educativo, los servicios de inteligencia, las fuerzas armadas, los organismos
descentralizados y las industrias públicas fueron infiltrados sucesivamente,
bajo el barniz institucional de una prestación multisectorial de servicios,
para desembocar finalmente en una especie de unidad político-administrativa entre
las dos naciones. Esta realidad ha sido bien descrita por los autores
venezolanos de la obra La invasión consentida[20].
Este anclaje estructural permitió a La Habana disponer de un sistema de
financiación permanente y de suministro gratuito de petróleo hasta la fecha.
En 2002, la clase
política y la burguesía venezolanas se opusieron a la injerencia cubana. En
abril de ese mismo año fracasó un golpe de Estado contra Hugo Chávez, seguido de
una huelga de la industria petrolera. Por un lado, Washington se comprometía a
socavar la legitimidad de Hugo Chávez mediante una guerra por el ámbito social
(political warfare), llevada a cabo con ramificaciones internacionales[21].
Por otro lado, los servicios de inteligencia cubanos y estadounidenses habían
avisado del golpe a la guardia pretoriana del líder de la maniobra[22].
A partir de 2004, la cooperación entre Venezuela y Cuba se reanudó con más
fuerza, mientras el país se hundía en una cruzada autoritaria y la depresión
económica[23].
Nicolás Maduro, formado en La Habana durante los años 80, tomó el relevo en el
palacio presidencial de Miraflores en 2013 y continuó la cooperación con Cuba.
La crisis migratoria alcanzó su apogeo en 2017[24],
mientras la economía negra, sustentada por el narcotráfico, el crimen organizado
y la elusión de las sanciones económicas, mantuvo a flote el aparato
militarizado. El political warfare siguió aplicándose en el país,
siempre con el objetivo de demonizar al régimen chavista y madurista, mientras
los servicios de inteligencia norteamericanos y cubanos fomentaban el statu
quo, promoviendo figuras de la oposición política que impedían el
surgimiento de rupturas reales al chavismo. La última figura a la fecha es la
de María Corina Machado, aureolada en muchos think tanks occidentales,
quien ha facilitado la agenda programática del madurismo[25].
La cabeza de puente cubana
Cuba es una pieza clave
en el escenario americano. Después de los Estados Unidos, la isla es la segunda
potencia del continente en materia de acción intervencionista. Desde la llegada
al poder de Fidel Castro en 1959, ha interferido en veintiuna naciones
sudamericanas mediante expediciones militares directas, guerra política y económica,
formación de cuadros políticos y militares, suministro de armas o apoyo
múltiple a las iniciativas insurreccionales.
Cuba desarrolló esta
agenda apoyándose en el paraguas informacional que le proporcionaba la Guerra
Fría y su aliado soviético. Pero su papel de perturbador se concibió
principalmente bajo la conducción de los Estados Unidos, en particular en las
altas esferas del Council on Foreign Relations y la CIA. De este modo,
La Habana se convirtió en lo que podría llamarse un socio ambiguo de
Washington, construido por etapas como una amenaza comunista hemisférica, con
el objetivo de tapar cualquier vínculo incestuoso entre las dos potencias y
ocupar el terreno ideológico del comunismo a nivel continental. Fidel Castro
fue reclutado[26]
desde el principio por la inteligencia estadounidense, a través de la United
Fruit Company, implantada en toda América Central. Hizo sus principios en
la República Dominicana y en Colombia en 1948, con la crisis del Bogotazo,
fomentada entre bastidores por los nuevos servicios exteriores de Washington
(CIA). Su papel consistió primero en instalar el espectro del comunismo en
Colombia, antes de extender a escala regional una estrategia de
desestabilización, apoyada tanto por la Unión Soviética como por Washington. El
resultado de este designio geopolítico fue una verdadera remodelación del
continente, que no pudo atribuirse directamente con la agenda unilateral de los
Estados Unidos y que condujo al parasitismo, e incluso a la destrucción
controlada, de los aparatos políticos y económicos de las sociedades latinoamericanas.
El desarrollo de la
economía de la droga, primero con el estadounidense Paul Helliwell y con el
dictador cubano Fulgencio Batista en los años cincuenta y sesenta, se volvió
orgánico en torno a Cuba para financiar clandestinamente esta agenda no
convencional. La formación de los cárteles de Guadalajara y, posteriormente, el
de Sinaloa en México, fue patrocinada[27]
por la CIA, mientras los fondos alimentaban una agenda paraestatal consolidando
la estrategia de tensión mencionada anteriormente. Cuba, y en menor medida
Venezuela, se convirtieron así en una vía principal de entrada de drogas a los
Estados Unidos, en particular a través del eje constituido entre los dos
puertos de Mariel y Miami, entre los que el volumen anual de intercambios
ilícitos se estima hoy en aproximadamente 400 000 millones de dólares. A su
vez, la agenda de lucha antidroga permitió a los Estados Unidos ocultar esta
economía negra y disimular formas de injerencia en los países blancos, como fue
el caso del Plan Colombia iniciado en 1999.
Durante las dos últimas
décadas, el binomio La Habana-Caracas logró forjar una estrategia de tensión,
proyectada a escala regional, con el fin de sustituir al antiguo antagonismo
bipolar de la Guerra Fría. El polo de disidencia antiamericana, encarnado en el
castro-chavismo, permitió inmiscuirse en la agenda de los países sudamericanos,
instrumentalizando las reticencias y la búsqueda de autonomía nacional que se
formaban espontáneamente en la periferia de la hiperpotencia norteamericana. El
ciclo geopolítico denominado “progresista” que comenzó en la década de 2000 fue
una manifestación directa de ello. También permitió forzar el acercamiento de
los países preocupados por la amenaza del “socialismo tropical” a la órbita de
los Estados Unidos, empujándolos a negociar tratados de libre comercio y a
alinearse con el marco normativo de la democracia liberal.
Las evidencias de una puesta en escena
Muchos de los elementos
observados en torno a los acontecimientos del 3 de enero de 2026 remiten a esta
trama kafkiana de la conflictividad americana.
El primer elemento se
refiere al carácter teatral y caricaturesco de la expedición del 3 de enero de
2026. En la mañana de ese mismo día, los helicópteros de las fuerzas especiales
norteamericanas penetraron sin obstáculos en el cielo de Caracas, sin que se
activaran ni se utilizaran los sistemas de detección y el armamento portátil de
defensa antiaérea, ampliamente preparados y plebiscitados por el ejército en la
fase anterior de escalada. Las defensas de corto, medio y largo alcance fueron
neutralizadas por decisión, no por destrucción cinética[28].
No obstante, fueron señalados ataques contra algunas estructuras militares y de
comunicación[29],
que causaron un total de 80 víctimas mortales según el balance oficial[30]
del gobierno venezolano. Unas horas más tarde, el jefe de Estado capturado
aparecía en imágenes generadas artificialmente con cuatro atuendos diferentes.
Más atrás, en septiembre de 2025, la secuencia de destrucción de una
embarcación pesquera sospechada de transportar drogas fue señalada por
analistas e las instituciones venezolanas como generada artificialmente[31].
A este panorama se suma la ausencia de combates en tierra o de movimientos
urgentes de tropas, que sí se produjeron inmediatamente después de declararse
el estado de excepción. Cabe señalar que las víctimas oficialmente declaradas
en el asalto a la seguridad inmediata a Nicolás Maduro eran principalmente
cubanas.
El segundo elemento
tiene que ver con la explotación a pleno de la expedición en el plano
comunicacional. Por un lado, el primer mandatario estadounidense publicó la
secuencia de los helicópteros y los ataques nocturnos con el fondo musical de Fortunate
Song[32]
(y La Macarena[33]),
transportando al oyente directamente en el ámbito de la acción y en la
atmósfera bipolar de la Guerra Fría. Por otro lado, se viralizaron imágenes
insípidas de edificios civiles y vehículos destruidos, sin indicaciones
particulares sobre su contexto y autenticidad[34].
Las secuencias que mostraban las concentraciones espontáneas de venezolanos
celebrando la caída de Nicolás Maduro resultaron ser en gran parte tomadas de
hechos anteriores. A continuación, el primer mandatorio estadounidense elogió
la misión cumplida por los Estados Unidos y el futuro condicionamiento del
gobierno venezolano, al tiempo que disolvía la complejidad de la situación
estratégica en un discurso ultravoluntarista. Cabe señalar que una campaña de
influencia siguió rápidamente este paso al anunciar un giro ofensivo de los
Estados Unidos hacia Groenlandia, Irán, Rusia y China.
Por último, otro
elemento tiene que ver con el proceso judicial contra Nicolás Maduro. Cualquier
juicio verdadero contra un jefe de Estado extranjero implicaría enfrentar una
serie de obligaciones y obstáculos jurídicos que podrían paralizar el proceso
judicial, sin contar el problema planteado por la guerra jurídica
extraterritorial y la caza selectiva de las élites políticas en el extranjero.
En este sentido, es razonable esperar una dilatación del proceso judicial, al
mismo tiempo que se asiste a la puesta en escena de elementos mediáticos
nutriendo la controversia sobre el narcotráfico y la guerra jurídica ejercida
con fines políticos.
Perspectivas
Predecir el curso de
los acontecimientos siempre es un ejercicio arriesgado. Sin embargo, la matriz
estratégica que acabamos de destacar ayuda a comprender las direcciones hacia
las que puede evolucionar el entramado actual.
La larga presencia de
Cuba en la infraestructura político-económica de Venezuela, así como la
estrecha relación de los altos dirigentes de La Habana con los servicios de
inteligencia estadounidenses, tiende a descartar la versión de una operación
llevada a cabo exclusivamente desde el exterior, aunque contara con el apoyo de
algunos miembros de la dirigencia venezolana, en particular la
ex-vicepresidenta Delcy Rodríguez. Suponiendo que hubiera habido una traición
interna en el marco de un gobierno decidido a hacer frente a cualquier
intromisión estadounidense, hubiese sido lógico comprobar en el terreno la
puesta en marcha de los dispositivos de defensa antiaérea, así como algunos
movimientos de tropas, aunque fueran caóticos y dispersos. Este nudo
contradictorio ya se está envolviendo de una confusión perceptiva en el espacio
informacional mediante la divulgación de que una misión especial de la CIA
habría preparado el montaje de la expedición en el terreno y, más ampliamente,
mediante la compartimentación de la mayoría de los análisis sobre la
inteligencia norteamericana, cubana y venezolana.
Salvo que se produzca
un cambio radical en la política exterior hacia Cuba —lo que Donald Trump ha
insinuado en sus comunicaciones con la prensa—, nada indica por el momento que
se haya iniciado un giro con su socio histórico, cuya presencia sigue siendo
estructural para los Estados Unidos en el marco de su gran estrategia
continental. El hecho de que el suministro energético de Cuba se haya
diversificado, con México como su principal proveedor (oficialmente) desde
2025, constituye una variable secundaria que explica cómo La Habana ya se está
acomodando momentáneamente a las reformas petroleras anunciadas en la
superficie. No quita que la isla se encuentra en muy mal estado económico.
La agenda en marcha
sigue siendo la de la desestabilización. La destitución de Nicolás Maduro
sirvió en definitiva de pretexto para impulsar un endurecimiento relativo del
régimen e iniciar una nueva fase de control de la infraestructura venezolana.
Las reservas petroleras cuentan en el patrimonio nacional, pero estas no
constituyen, en el estado actual de la estructura industrial, una “promesa”
geoeconómica. La oportunidad económica, que solo puede existir con estabilidad
e inversiones masivas, depende en última instancia de la modernización del aparato
institucional del país, lo que, hasta que se demuestre lo contrario, no figura
en la agenda.
El o los próximos
regímenes deberán dejar entrever una evolución de su agenda programática en la
superficie con el fin de alinearse con las solicitudes de Washington y fijar
las aspiraciones sociales en su demanda de renovación del liderazgo
bolivariano. Al continuar la erosión del país, esta desestabilización provocada
podría dar lugar a una forma de internacionalización de la gobernanza de
Venezuela, una modalidad que se está experimentando precisamente en Ucrania y
Gaza. En esencia, los Estados fallidos, en consecuencia de procesos de crisis o
guerra, pueden ser insertados en una arquitectura de administración y
reconstrucción en la que las decisiones y los flujos financieros están siendo
controlados por nuevos árbitros que escapan a las prerrogativas
tradicionalmente definidas en la soberanía nacional. Es en realidad la
modalidad que ya está rigiendo Venezuela, Cuba siendo un árbitro informal
injertado en la matriz del país. Semejante perspectiva no es incompatible con
la sustitución de las autoridades actuales de Venezuela por otras, incluso por
vía electoral, teniendo en cuenta que el sistema nacional de voto electrónico
está controlado por Cuba y se ha utilizado en varias ocasiones para fines
arbitrarios.
Por último, es
importante destacar que una de las principales características de esta dinámica
conflictiva es que trabaja para disociar permanentemente la capa de los fines
estratégicos reales, de los objetivos declarados por los actores beligerantes y
de la acción táctica y operativa. Si bien este desacople no es nuevo en sí, la
energía involucrada en el campo inmaterial para engañar las percepciones y
bloquear el acceso a la profundidad estratégica de la correlación de fuerzas
constituye un factor ofensivo esencial. Para gran parte de las élites
latinoamericanas y europeas, la estanqueidad entre las entidades nacionales y
sus veleidades mutuas sigue siendo un postulado inquebrantable. Dicho de otro
modo, las falsas dicotomías edificadas entre Caracas, La Habana y Washington
sirven de escudo cognitivo para invisibilizar las maniobras de fondo y nutran
gran mayoría de los análisis. Este mecanismo estratégico es muy antiguo y
constitutivo del orden estratégico iberoamericano. Basta con observar el caso
de Venezuela para convencerse de ello.
(*)
François Soulard, emprendedor e investigador en Dunia y en el Centro de Investigación Aplicada de la Escuela de Guerra Económica (CR451/EGE), autor de La culture de combat en Amérique latine (Combatir en el Nuevo Mundo, de próxima publicación en español).
[1]https://sdg.iisd.org/commentary/policy-briefs/responding-to-global-shocks-unsgs-emergency-platform/
[5]https://www.elheraldo.hn/mundo/reactivan-miami-demanda-contra-maduro-delcy-rodriguez-terrorismo-secuestro-AB28838080
[6]Decreto de Estado de conmoción exterior en todo el territorio nacional del 3 de enero 2026. https://acrobat.adobe.com/id/urn:aaid:sc:VA6C2:4186b02c-8730-40ec-8e35-38678562ecc1?viewer%21megaVerb=group-discover
[7]https://www.barrons.com/news/spanish/venezuela-entre-barcos-de-guerra-decreto-de-conmocion-y-navidad-anticipada-b5095682
[9]https://cnnespanol.cnn.com/2026/01/05/venezuela/decreto-conmocion-exterior-arresto-apoyo-eeuu-orix
[10]https://www.infodefensa.com/texto-diario/mostrar/5722824/fuerza-armada-nacional-venezuela-respalda-decreto-sobre-estado-conmocion-exterior-todo-territorio
[11]https://www.wsj.com/politics/national-security/cia-concluded-regime-loyalists-were-best-placed-to-lead-venezuela-after-maduro-24b0be1a
[12]https://www.reuters.com/business/energy/venezuela-us-talks-export-venezuelan-oil-us-sources-say-2026-01-06/
[13]https://x.com/GordoGeos/status/2009006891662496140
Vease también An Estimate of Recoverable Heavy Oil Resources of the Orinoco Oil Belt, Venezuela https://pubs.usgs.gov/fs/2009/3028/pdf/FS09-3028.pdf
[15]https://www.perfil.com/noticias/internacional/argentina-bloqueo-una-condena-de-la-celac-a-eeuu-por-la-detencion-de-maduro.phtml
[16]https://www.posta.com.mx/mexico/america-latina-rechaza-autoridad-de-eu-en-venezuela-apuestan-por-oposicion-senala-encuesta/vl2146781
[17]Perkins, J. (2004). Las confesiones de un gángster económico. Lectulandia.
[18]Baradaran, M. (2024). The Quiet Coup. Neoliberalism and the Looting of America. Norton & Company.
[19]González, S. (2012), La CIA, Fidel Castro, el Bogotazo y el Nuevo Orden mundial, Spooks Books.
[20]Maldonado, D. G. (2019), La invasión consentida, Penguin Random House.
[21]Venezuela, manuel de guerre économique appliquée https://www.epge.fr/venezuela-manuel-de-guerre-economique-appliquee/
[22]Ereli, A. (2004), Daily Press Briefing del 24 de noviembre de 2004, Deputy Spokesman Washington. https://web.archive.org/web/20050204143019/http://www.state.gov/r/pa/prs/dpb/2004/38758.htm
[23]Entre 2013 y 2018, Venezuela vio caer su PBI en un 52 %, mientras que en la década de 2000 Caracas producía un promedio de 3,45 millones de barriles de petróleo al día. Veinte años después, la producción cayó a 1,9 millones de barriles diarios y rondó los 960 000 barriles diarios en 2019 (según la OPEP).
[24]Las Naciones Unidas estimaron el volumen de emigrantes venezolanos a ocho millones de personas en 2025.
[25]En particular, sobre la Ley para el Desarme y Control de Armas y Municiones ratificada en 2013.
[26]Ver las obras de Nelson Machin (La Cruz de Cuba. Dos caras de la CIA) y Servando González (La CIA, Fidel Castro, el Bogotazo y el Nuevo Orden mundial).
[27]Webb, G (1998). Dark Alliance. Seven Stories Press.
[30]https://www.elperiodico.com/es/internacional/20260104/venezuela-40-muertos-bombardeos-estados-unidos-125360095
[34]https://substack.com/inbox/post/183386178
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François Soulard: Emprendedor en inteligencia estratégica, geopolítica y informática. https://dunia.earth. Twitter: @franersees
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