«A los algoritmos les falta la chispa de la humanidad»: el papa León XIV encabeza la rebelión contra la idolatría de Silicon Valley.
Autor: Christopher Hale
Nota original: https://www.thelettersfromleo.com/p/algorithms-lack-the-spark-of-humanity
Sus palabras dirigidas a los artistas en el Vaticano el viernes acumularon 6,4 millones de visualizaciones en cuestión de horas, pocos días después de que el *New York Times* revelara las gestiones de cabildeo de Anthropic ante sus asesores. El público ha elegido a su campeón.
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El viernes por la mañana, el papa León XIV recibió a un grupo de artistas y conservadores en la Sala del Consistorio del Palacio Apostólico y les pidió que ayudaran a la Iglesia a mantener una postura que a Silicon Valley le gustaría mucho ver eliminada.
Unas horas más tarde, la cuenta papal @Pontifex publicó un fragmento extraído directamente del discurso:
Para la tarde del viernes, la publicación había superado los 6,4 millones de visualizaciones en X, con más de 180.000 «me gusta» y 36.000 republicaciones. (La intención de oración mensual del Papa, publicada el día anterior y centrada en el valioso tema de la pastoral de salud mental, había registrado unas 437.000). [Nota de Restaurar: en la versión en inglés].
La alocución completa es más incisiva que el tuit. Leo advirtió a los artistas que los motores de búsqueda «se limitan a devolver lo que ya existe y tienden a ofrecernos lo que ya queremos», y señaló el riesgo que ello conlleva: «el gran peligro no es solo la censura, sino también la homogeneización».
El arte, según él, nos obliga a detenernos ante «aquello que no puede consumirse».
La noticia de *The Times* cobra fuerza
El discurso del viernes tuvo lugar al cierre de una semana que había comenzado con una noticia sobre esa misma controversia. El martes, Elizabeth Dias, de The New York Times, informó que Chris Olah —cofundador de Anthropic—, tras revisar previamente el documento Magnifica Humanitas, propuso que su empresa se retirara del acto de presentación de la encíclica, previsto para el 25 de mayo en el Vaticano. Su objeción radicaba en que el documento niega que las máquinas sean conscientes.
Posteriormente, Anthropic instó a los asesores del Papa a reconsiderar la postura. Dias reveló que la compañía había dedicado gran parte del año a tratar de convencer a expertos en estudios religiosos mediante reuniones privadas —muchas de ellas bajo acuerdos de confidencialidad—, con el fin de plantear la posibilidad de que sus modelos Claude «pudieran ser conscientes o poseer estatus moral».
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| El papa León XIV estrecha la mano del cofundador de Anthropic, Chris Olah, durante la presentación de la encíclica Magnifica Humanitas en el Aula del Sínodo del Vaticano, el 25 de mayo de 2026. Días antes, Olah había propuesto retirarse del evento, según The New York Times. (Foto CNS/Lola Gomez) |
Durante unos días, la noticia se mantuvo principalmente en el ámbito de quienes siguen de cerca la IA y el Vaticano. El jueves y el viernes, trascendió ese círculo. La publicación que escribí al respecto el viernes por la mañana ya ha superado los 3 millones de visualizaciones en X.
NUEVO: Según un explosivo informe en el New York Times, el cofundador de Anthropic, Chris Olah, amenazó con abandonar la presentación de la encíclica sobre IA del Papa León XIV en mayo porque el papa rechazó la idea de que las máquinas pueden ser conscientes.
El equipo de Olah luego presionó en privado a los asesores del papa “para que tomaran en serio la posibilidad de la conciencia del modelo”. El Papa León XIV se mantuvo firme.
Durante meses, Anthropic ha agasajado a teólogos y eruditos religiosos bajo acuerdos de confidencialidad, esperando que bendijeran la idea de que Claude tiene estatus moral.
Creo saber por qué el asunto tardó unos días en cobrar relevancia. *The Times* centró su reportaje en la cuestión de la conciencia, con académicos y teólogos evaluando si Claude podría tener alguna categoría moral. Aunque es un debate que merece la pena, este eclipsó la noticia más importante: una destacada empresa de inteligencia artificial presionó al Vaticano con gran insistencia para que modificara la doctrina de la Iglesia sobre la persona humana.
Una vez que los lectores percibieron esto, surgió de inmediato la pregunta obvia: ¿por qué habría de necesitar una empresa de software la bendición del Papa?
La respuesta es bastante sencilla. Silicon Valley busca un respaldo moral, y la Iglesia católica —con sus 1400 millones de fieles— representa la autoridad moral que más le interesa tomar prestada.
La postura de la opinión pública
Si se compara el artículo del martes con el tuit del viernes, el veredicto de la opinión pública resulta evidente. Una de las empresas de Silicon Valley con mayor financiación presionó a la Iglesia para que suavizara su doctrina sobre la persona humana, pero la Iglesia se negó. Pocos días después de conocerse la noticia, el Papa afirmó ante un grupo de artistas que los algoritmos carecen de la chispa de la humanidad; el mensaje llegó a millones de personas en cuestión de horas.
La reacción se ha ido gestando durante meses. Charlie Camosy hizo un recuento de la situación el martes en Religion News Service: Bill Gates escribió que la encíclica «sienta unas bases sólidas para la labor que es preciso realizar», y la Universidad de Notre Dame se ha comprometido a destinar más de 50 millones de dólares a ponerla en práctica.
El viernes, Tyler Austin Harper, redactor de The Atlantic, explicó la razón. Citando la publicación del papa, Harper señaló que «los críticos religiosos —en particular los católicos— están abordando la inquietud moral de la opinión pública de una manera que no lo hacen los pensadores laicos, quienes se basan en argumentos utilitaristas sobre el daño».

En el intercambio posterior, Harper sostuvo que los críticos laicos se ven obligados, en su mayoría, a fundamentar sus argumentos en cuestiones de «daño empírico, consumo de agua y explotación laboral»; aspectos importantes, sí, pero que «dejan de lado la inquietud —casi a nivel de especie— que muchos experimentan».
Su conclusión fue contundente. La IA, escribió, «ha puesto de manifiesto la superficialidad espiritual, moral y tal vez incluso metafísica de gran parte del pensamiento laico».
Harper tiene razón. Es cierto que los centros de datos consumen cantidades ingentes de agua y que los modelos se entrenaron con obras de escritores y artistas, a menudo sin la debida compensación. Sin embargo, un recuento de tales perjuicios no basta para responder a la pregunta que hoy se plantean millones de personas: ¿conserva algún valor el ser humano una vez que una máquina es capaz de imitarlo?
Leo responde a esta cuestión recurriendo al lenguaje más antiguo de Occidente. El viernes recordó a los artistas lo que había dicho en Lourdes el domingo: que la persona humana es «digna» por el mero hecho de existir y de estar destinada a la eternidad. Un modelo estadístico no puede pronunciar esa frase con verdadera convicción.

Los oligarcas tecnológicos poseen el dinero y los servidores. Peter Thiel ha atacado al Papa en tres ocasiones; la más reciente, calificándolo de «idiota útil para los comunistas chinos». Lo que Leo posee es la confianza de la gente común, que percibe cómo su propia humanidad es valorada en términos monetarios y revendida a ellos mismos.
El populismo ha adquirido mala fama en la vida estadounidense, ya que, por lo general, ha sido sinónimo de demagogos que avivan el resentimiento para su propio beneficio. Leo practica un tipo diferente de populismo: se alinea con la mayoría frente a una minoría poderosa, recordándoles a todos su valor ante los ojos de Dios.
En esta lucha, el Papa se ha convertido en defensor de la humanidad misma —en nuestro promotor y protector—, y la reacción de esta semana demuestra que el público es consciente de ello. La única incógnita restante es si el resto de nosotros nos mantendremos a su lado.
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En Letters from Leo, apoyamos al Papa Leo XIV y a los millones de católicos (así como a innumerables personas de buena voluntad) que creen que el ser humano es más que un conjunto de datos y que ninguna empresa tiene derecho a decidir quién cuenta como persona.
Los multimillonarios que crean estas máquinas llevan años diciéndonos que sus productos nos salvarán. El Papa Leo insiste en una verdad más antigua: que ya fuimos salvados —a un precio mucho mayor— por un Dios que se hizo carne.
Esta es la comunidad católica de más rápido crecimiento en el país, porque la gente anhela una voz moral que no pueda ser comprada por Silicon Valley.
Si consideras que este movimiento es importante —con católicos y personas de buena voluntad defendiendo la dignidad de la persona humana frente a quienes pretenden reducirla a código—, te invito a unirte a nosotros.