CARNE, LECHE, HUEVOS: PARA NOSOTROS Y NUESTRA POSTERIDAD
La carne es el alimento de los pueblos libres.
Que la carne, los huevos, la leche constituyan los alimentos de argentinos libres, atletas y guerreros.
Autora: Iris Speroni (@SperoniIris)
Ver: CARNE: EL ALIMENTO DE LOS PUEBLOS LIBRES
https://restaurarg.blogspot.com/2022/11/carne-el-alimento-de-los-pueblos-libres.html
Argentina tuvo asado barato (desde el SXIX hasta 1970/80) porque existían 3 vacas por habitantes, cuando no más.
La política argentina, entre muchas cosas de las que no se ocupa, no lo hace tampoco con la alimentación de los argentinos.
No es de ahora. Tal vez tengamos que remontarnos a la década del 70 para que veamos interés en el tema por parte de las autoridades (tanto el gobierno electo 1973-1976, como el de facto posterior). [1].
Lo bueno, lo malo y lo regular
En las últimas décadas se ha deteriorado la alimentación en la mayoría de los países de Occidente y en particular en nuestro país, de la mano de la disrupción de las tradiciones familiares y el cambio de las formas de producción y comercialización de alimentos.
Otros países del mundo y partes del interior de nuestro país mantienen formas centenarias o milenarias de alimentación, las cuales funcionan como un reaseguro de su calidad de vida.
En la década del 90, se vendieron gran cantidad de fábricas elaboradoras de alimentos a grupos alimenticios internacionales. Actualmente proveen gran parte de lo consumido en las grandes urbes argentinas. Su comercialización es mayormente a través de cadenas de supermercados, los cuales abastecen el 75% de la población de la ciudad de Buenos Aires.
Entre las grandes corporaciones de alimentos ultraelaborados y los supermercados existe una relación simbiótica. Las corporaciones los necesitan para cerrar el acceso de expendio a empresas medianas y pequeñas, lo que las cadenas comercializadoras garantizan.
Las megacorporaciones elaboradoras de alimento, en Argentina, desde el 90, copian el sistema norteamericano.
Como quedó en claro con Robert Kennedy como ministro (secretario) de Salud en EEUU, en ese país no existe control alguno. Hacen lo que quieren. Eso les permite agregar colorantes, emulsionantes, conservantes, aditivos, etc. para que los alimentos tengan apariencia de tales, a pesar de: a) traicionar el contenido tradicional, b) ser perjudicial para la salud. Voy a ser concreta: el yogur está hecho - originalmente - con leche, más un proceso de fermentación. Para eludir ese proceso y abaratar costos, las empresas agregan gelatina, colorantes, aditivos, saborizantes, de forma tal de que el alimento no sea el original, pero sí lo parezca. Otro ejemplo: uno de los grandes proveedores de las empresas de salchichas son los molinos de harina de arveja. Sí, le colocan arveja para “cortar” y “aumentar volumen” de lo que, a esta altura, las salchichas de Viena solamente tiene el nombre, respecto al producto original.
Todos los viejos sabemos que las galletitas de las marcas de nuestra niñez sólo conservan el nombre. Otro gusto, otro olor, otra textura. Travestismo puro.
En los EEUU, esto se sostiene por: a) la vista gorda del gobierno (como lo denunció Kennedy) a través de su agencia de control, la FDA, b) los subsidios alimentarios, que llega a aproximadamente 60 millones de habitantes, el 20% de la población. [2].
Tiene un doble efecto: un aumento de precio, ya que las pocas empresas que funcionan en EEUU están cartelizadas y les convalidan sus precios, y porque con altos precios, si les bajan los consumos del 80% de la población “libre”, tanto no les afecta. La población subsidiada involucra a familias (nuestro plan Alimentar); las escuelas públicas, las cuales también están forzadas a comprar comida basura, y otros lugares comunitarios (geriátricos, orfanatos, etc.). A esto hay que agregar las FFAA, que no están incluidas en esta cuenta.
Muchos de los productos admitidos en EEUU están prohibidos en Europa, e incluso en Canadá.
Argentina copió el sistema norteamericano. De ahí los problemas que vemos en los últimos tiempos, luego de 30 años de desarreglos alimentarios e ingesta de toxinas varias: los cuerpos que vemos en la calle difieren de los habituales en las filmaciones de los 80 (los invito a buscar filmaciones de personas en las estaciones de tren, en la calle, en la cancha); diabetes, resistencia a digerir harinas o lácteos (celíaco, intolerancia a la lactosa), problemas en el tracto digestivo, etc.
La contracara es la enorme cantidad de publicidad de medicamentos para los intestinos o el estómago que vemos por televisión.
Dentro de la concentración y cartelización descripta, está todo el mercado lácteo; si bien su concentración es previa a la década del 90 y se remonta a la última dictadura militar, la que consintió la cartelización de Mastellone, continuó por años.
Los argentinos no consumimos ni leche, ni derivados, ni quesos.
Consumimos alimentos en base a leche, plagados de aditivos y “cortados” con otras sustancias.
La leche, la verdadera, es salud. Si queremos salud para las futuras generaciones, debemos dejar de mirar a un costado y enfrentar este problema.
Hay que reformular la cadena de producción, elaboración y comercialización, hoy altamente concentrada, cartelizada y abusiva, para con los tamberos y para los consumidores; curiosamente ambos sectores atomizados. Todos los gobiernos, sin excepción, fallaron a favor de los grandotes en contra de los pequeños. Dictadura, Alfonsín, Menem, De la Rúa, el kirchnerismo, Macri, Albertico y la actual administración. Los tambos no paran de quebrar y los argentinos ingerimos travestismo de leche.
Esta reconversión no sólo sería favorable a la salud de nuestro pueblo, sino que obtendríamos la oportunidad de ser una potencia láctea.
Actualmente, las industrias cartelizadas se conforman con canibalizar el mercado interno. Lo vemos más adelante.
También se resintió la calidad de la verdura y fruta. A partir de que el gobierno kirchnerista, para cortejar el voto boliviano, comenzó a regalar semillas (INTA), se limitó la variedad de productos y se generalizó el uso de semillas modificadas. Ya no existen en el mercado variedades de verdura comunes décadas atrás. La cartelización de la comercialización, la destrucción del FFCC, la manipulación del tipo de cambio, la concentración de la comercialización minorista en pocas manos y la mayorista en menos todavía, llevó a que localidades enteras abandonaran la producción de frutales (San Pedro PBA, Entre Ríos, Salta). La verdura y fruta en Buenos Aires y otras ciudades es mala y cara, y de poca variedad. Además de que se perdió el hábito de consumir la fruta de estación.
El gobierno de Menem favoreció la instalación de supermercados, imprescindibles para las grandes corporaciones de alimentos para imponer sus productos, y desafectó los mercados locales, las proveedurías sindicales y de profesiones, las mutuales, los pequeños locales manejados por familias. Es un proceso que se sufrió en EEUU y Europa, con los mismos resultados negativos para la población: encarecimiento de los productos y pérdida de calidad.
Argentina sigue, a pesar de la terrible malaria reinante - malaria totalmente provocada por las autoridades con el fin de llevar adelante sus negocios privados - con un alto consumo de carne, por encima de 100 kg por habitante por año. Uno de los mayores del mundo.
Informe Ministerio de Economía: https://www.argentina.gob.ar/noticias/aumento-el-consumo-capita-de-carnes-en-argentina-durante-2025
- Total 2025: 116,4 kg per cápita
- Carne vacuna: 49,92 kg per cápita
- Carne porcina: 18,89 kg per cápita
- Carne aviar: 47,68 kg per cápita
Informe Bolsa de Comercio de Rosario
Sí ha habido un cambio en la composición. Aumentó el consumo de carne aviar y porcina en detrimento de la carne vacuna. No se incrementó el consumo de pescado (el cual está destinado en su mayoría a la exportación).
Este cambio es bueno para generar excedentes exportables, pero no para la población, ya que la carne roja es muy superior a los substitutos, en cuanto a: a) mayor generación de anticuerpos y mejora del sistema inmunológico, b) mejoras en la reposición y creación de tejidos musculares, óseos y de las articulaciones, c) mayor contenido de hierro, d) es un alimento más elaborado, por lo cual requiere menos esfuerzo en su digestión, además de otras ventajas. El secreto de nuestros excelentes atletas, a pesar de las condiciones adversas, es nuestra alimentación basada en carnes rojas.
Existen varias formas para resolver estos intereses contrapuestos - la necesidad de exportar - y las necesidades de consumo de nuestra población. Hablaremos más tarde.
Uno de los grandes logros de estos tiempos de mishiadura es el crecimiento del consumo de huevos. El huevo es un alimento noble. Actualmente consumimos más de un huevo per cápita por día. Eso debe mantenerse a toda costa, aún si en un futuro mejora la alimentación general.
El pico de 75 kg de carne vacuna por habitante (un año incluso 90 kg) durante el kirchnerismo fue criminal. Nos comimos el stock ganadero. El objetivo del gobierno fue forzar a los productores a sembrar soja, y así: a) aumentar la recaudación fiscal, b) facilitar el negocio de socios estratégicos del gobierno, c) vender frigoríficos a brasileños. Pero para el país fue un suicidio económico.
Argentina tuvo asado barato (desde el SXIX hasta 1970/80) porque existían 3 vacas por habitantes, cuando no más. Uruguay mantiene esa proporción. Es la proporción áulica, la cual permitirá asado barato para la población local, y otros cortes destinados a la exportación. Felicidad absoluta.
Argentina hoy tiene una cabeza vacuna por habitante. Miseria. Eso hay que modificarlo o la carne vacuna pasará a ser un producto infrecuente, como en el resto del mundo.
En las grandes ciudades de nuestro país es sumamente dificultoso obtener carnes rojas caprinas, ovinas y de camélidos - cuando conservan gran parte de las propiedades de la carne vacuna y deberían costar ⅓ de la misma - y es casi imposible el consumo de carnes de animales pequeños como el conejo y otras aves distintas al pollo (alimentos de granja).
El pescado es innecesariamente un producto escaso y caro. El pescado y los mariscos argentinos se consumen - en muchos casos como productos populares de bajo costo - en España, Francia y EEUU. Alimentamos a los pobres de ellos en lugar de a los nuestros. Eso es desvío de comercio por temas impositivos. Impuestos acá, subsidios allá.
Además se importa carne aviar y porcina de Brasil, la cual no guarda los controles de calidad argentinos. Hormonas de crecimiento y antibióticos, prohibidos en Argentina.
Resumen situación presente:
- Exceso de alimentos altamente elaborados sin contralor público.
- Bajo consumo de frutas y verduras, caras y de mala calidad.
- Escaso consumo de pescado y carnes caprinas, ovinas, camélidas y de animales de granja.
- Consumo exagerado de gaseosas, las cuales incluyen jarabe de maíz, altamente disruptivo del sistema endocrinológico (aumenta las probabilidades de contraer diabetes).
- Escaso consumo de otros productos nobles abundantes en nuestro país como:
- miel,
- frutas secas,
- legumbres.
- Productos lácteos inaccesibles, de mala calidad, en un mercado distorsionado.
- Con el fin de favorecer la industria aceitera (primero en EEUU, luego acá) se dejó de cocinar con manteca y grasa, tras una larga y costosa campaña publicitaria. Esto encarece el costo familiar y perjudica la salud.
- Pésimo sistema comercial.
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Notas:
[1]
Durante el kirchnerismo tuvieron un interés superficial en la ingesta de carne vacuna por parte de la población (“comer asado”), pero eso, ciertamente, no es interés en la alimentación. Fue un gobierno que se vanaglorió de ser el país con mayor consumo per cápita de gaseosas, sin registrar que se trata de un consumo problemático.
En realidad, “la mesa de los argentinos” fue una excusa para una discusión mayor por parte del kirchnerismo. De la boca para afuera, la ingesta popular, detrás de bambalinas, una persecución a los productores agropecuarios y a otros eslabones de la cadena. El interés - velado - fue forzar la venta de campos a precios bajos (en el SXXI hubo una enorme concentración de tierras fértiles y la desaparición de 150.000 familias productoras), la compra de campos por parte de personas jurídicas, la venta de frigoríficos al gran monopolio global con sede en Brasil, a lo que se suma una alianza estratégica fortísima entre el gobierno kirchnerista y las cerealeras/aceiteras - en su mayoría extranjeras -.
Este largo y aburridísimo introito, de algo que pasó hace casi 20 años, es solamente para no darle demasiado valor al discurso kirchnerista sobre la preocupación sobre el bienestar del pueblo. No todo fue negativo. Fue un gobierno que invirtió en la salubridad del agua en varias áreas. Una de cal. Otra de arena.
[2]
En efecto, todos los subsidios alimentarios, que en EEUU maneja la Secretaría (Ministerio) de Agricultura, son canalizados a los productos ultraelaborados. Se subsidia el consumo de gaseosas, chizitos, papas fritas elaboradas - que no son ni papas ni fritas -, mayonesa, etc.
* * *
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LA SARTÉN DE HIERRO DE LA ABUELA
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