CUBA: LA OTRA ISLA DE EPSTEIN

 

Fidel Castro junto con Maradona y la novia adolescente de éste.



Nota original: https://elmanifiesto.com/cuba-la-otra-isla-epstein/

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Qué gran fuente de información son las Redes Sociales, y muy en particular X, la antigua Twitter que quisiera prohibir  doña Sira Rego, la ministra de Infancia y Juventud del gobierno español. En X, precisamente, nos hemos encontrado con las siguientes informaciones, más que interesantes, sobre las relaciones entre la Cuba comunista y la pedofilia. Como sólo el silencio ha caído sobre ellas, como no se ha visto en la prensa sistémica ningún desmentido al respecto, habrá que dar sus datos por buenos y fidedignos. Aunque íntimamente  convencidos de su veracidad (de esta gente se puede simplemente esperar todo), nosotros nos limitamos a transmitir la información con las reservas de rigor.

 


 

Todos hablan de la isla de Epstein. Pero ¿cuándo van a hablar de la infame isla de Castro?

No se trata de casos aislados. No fue sólo Maradona, drogadicto y psicóticamente obnubilado por Fidel Castro. No fue sólo su novia, una cubana adolescente, que conoció al coma-andante para que éste permitiera su salida de Cuba. García Márquez iba a La Habana a saciar sus ganas homosexuales con jovencitos. Era un visitante recurrente y privilegiado de Cuba desde los años 70, con acceso directo a Fidel Castro, residencias exclusivas y círculos cerrados. Varios testimonios de exfuncionarios culturales y periodistas del exilio describen fiestas privadas, jóvenes acompañantes seleccionados por el aparato cultural.

En el caso de Silvio Rodríguez, hay casos documentados judicialmente de relaciones con mujeres muy jóvenes en los años 70-80. Fue reconocido públicamente haber tenido múltiples relaciones simultáneas mientras era artista protegido del Estado.

Michelangelo Antonioni fue invitado oficial a Cuba en los años 70. Integrado al circuito de intelectuales europeos con acceso a ocio, «escorts culturales» y privilegios, el ICAIC y el MINCULT facilitaban acompañantes como parte del «paquete diplomático».

Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir, conocidos pedófilos, efectuaron visitas a Cuba en 1960. Está documentada en diarios y cartas su fascinación con la juventud cubana y la erotización del «hombre nuevo». Chico Buarque efectuó estancias prolongadas en Cuba en los años 70-80. Existen testimonios de intelectuales brasileños exiliados que describen un ambiente de sexo fácil para invitados ideológicamente confiables. Eduardo Galeano fue un visitante habitual. En crónicas privadas y testimonios de terceros se describe su vida nocturna protegida, hoteles para extranjeros y acompañantes. El mismo que escribía contra el «imperialismo sexual» disfrutaba del sistema.

Entre los años80 y los 90, hubo redes coordinadas de hoteles, guías, jineteras y personal de seguridad del Estado. No era ligue casual. Había intermediación: traductores, funcionarios culturales, chóferes, recepcionistas de confianza. Las acompañantes no se improvisaban: se evaluaba la discreción, la lealtad política y el silencio posterior. Todo ocurría en espacios cerrados. En casas de protocolo, bungalows aislados, pisos reservados de hoteles. Había entradas y salidas sin registro visible, horarios protegidos, cero cámaras. La intimidad incluía alcohol importado, comida inaccesible para el cubano común, música privada.

Y esto era a nivel oficial. ¿Qué pasaba con la gente de a pie? Cuba se convirtió en un burdel mundial. Todos los extranjeros iban a Cuba a tener sexo con menores de edad, a casarse con niñas con el consentimiento de los padres y la vista gorda de las autoridades. No, a Fidel Castro y a sus acólitos no les hacía falta codearse con Epstein porque tenían una finca propia, con mucha menos transparencia de documentación que los pudiera delatar en el futuro.

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