2025: AÑO CLAVE

 


Autor: François Soulard (@franersees)

Fundador de la plataforma Dunia, ensayista. 

 

Un año llega a su fin en la punta de los sesenta siglos que nos separan del inicio de la historia de la humanidad. Un abrir y cerrar de ojos, en el que resulta esencial mirar hacia atrás para discernir los movimientos generales y proyectarse hacia el futuro.
 
Los últimos cuatro años han estado marcados por la pandemia de COVID-19 y la aceleración de las tendencias geopolíticas anteriores. El fortalecimiento de la bipolaridad entre China y Estados Unidos ha trazado los contornos de una Guerra Fría 2.0, en la que el declive de Occidente y el protagonismo ofensivo de China y los BRICS aparecen como dos dinámicas principales. Se ha configurado una nueva arquitectura de depredación a escala global, uno de cuyos engranajes ha sido la colosal transferencia de riqueza operada durante la pandemia y el endurecimiento de una gobernanza tecno-feudal. Al mismo tiempo, han continuado las reconfiguraciones estructurales en América Latina, África, Asia y Europa.
 
El año 2025 ha marcado un punto de inflexión en este ciclo de desestabilización y en la continuación de los reajustes en curso. La guerra entre Rusia y Ucrania, verdadera trampa inmaterial del siglo XXI, sigue sin perspectivas de desescalamiento y aviva la extensión del conflicto bajo la amenaza existencial agitada por ambos bandos. Hace eco a las maniobras de Israel en Medio Oriente (guerra de los Doce Días), las de Yemen, Taiwán, Turquestán chino y Panamá (canal bioceánico), en el sentido de que se trata de integrar a la fuerza, mediante el conflicto fabricado y la violencia, estos diferentes espacios en la infraestructura de la Nueva Ruta de la Seda, cuyo proyecto está impulsado tanto por China como por la industria occidental (transferencia de aproximadamente 7,5 mil billones de dólares desde 2013).
En África, la Alianza de Estados del Sahel ha seguido desafiando al área euroatlántica y ejerciendo presión sobre otras potencias de África Occidental. En América Latina, se ha consolidado la estrategia de tensión fomentada entre las dos formas de estatismo socialista y libertario, mientras que la potencia norteamericana ha escenificado su lucha contra los narcoestados a los que apoya clandestinamente desde 1948.
 
Paralelamente, se ha iniciado más claramente una crisis del sistema monetario. La impresión de billetes a escala mundial, el endeudamiento de los Estados y la guerra comercial librada por Estados Unidos han llevado a la devaluación del dólar, el yen y otras monedas nacionales, mientras que el oro y la plata han acumulado masivamente los activos de múltiples bancos centrales, con China y Rusia a la cabeza. Así, se ha producido una desdolarización del mundo, en un contexto de autodestrucción de Estados Unidos y de cuestionamiento parcial del orden internacional por parte de las naciones multipolares. En esta perspectiva, el año 2026 reúne las condiciones para una deflagración monetaria a gran escala, que probablemente sellará los engranajes de la arquitectura económica prefigurada durante los últimos años (ONU 2.0, reforma bancaria diseñada por el Banco de Pagos Internacionales (BIS), monedas digitales, mecanismos de gobernanza centrados en el nivel supranacional).
 
Ante estos cambios, es importante destacar que los enfoques convencionales de las correlaciones de fuerzas, así como las visiones simplistas que solo ven en la situación actual un nuevo reparto de un mundo devenido posoccidental, impiden comprender esta realidad en profundidad. El anacronismo y el desfase son la norma, lo cual recuerda que el terreno inmaterial, el de las percepciones, de la información y de los conocimientos, es la piedra angular por excelencia para actuar en el escenario internacional. A pesar de los signos evidentes de una nueva polarización Este-Oeste y de una fragmentación multipolar generada por el impulso neonacionalista, el mundo sigue estando diseñado sobre todo por fuerzas de naturaleza imperial y transnacional. Esta geometría tomó forma a finales del siglo XVIII, mediante una conflictividad que se amplió horizontalmente, con la incorporación de nuevos ámbitos de confrontación, y verticalmente, con la yuxtaposición de nuevos escenarios visibles e invisibles. Estos modos de combate invisibles han atravesado la historia y se remontan mucho más atrás, antes de Sun Tzu y Tucídides, a la época del Imperio babilónico (1890 a. C.), cuya cultura estratégica fue retomada por las dinastías romanas y bizantinas (2), y luego por los imperios europeos.
 
En este sentido, el cuarto de siglo que termina en este comienzo del tercer milenio continúa con las dinámicas iniciadas durante los treinta siglos anteriores. Por un lado, la comprensión del gran juego estratégico contemporáneo sigue estando compartimentada y desfasada con respecto a la realidad, y esto se aplica a todas las escuelas de pensamiento geopolítico. Este desfase remite a un verdadero estancamiento en términos de relación con la realidad (posrealismo), en la medida en que las sociedades ya no son capaces de percibir la totalidad del entorno estratégico en el que evolucionan. Por otro lado, el centro de gravedad que impulsa las transformaciones mencionadas anteriormente no se encuentra en el nivel de los Estados-nación, sino en el nivel de una capa transnacional, poderosa y organizada, aún mal denominada, depredadora de las economías y los Estados-nación y heredera de las culturas de combate practicadas en el pasado. Esta doble hélice, impulsada a lo largo del tiempo, desemboca hoy en un nuevo sistema global de depredación, que alcanza su madurez con el avance de la tercera revolución industrial. Este proyecto no está lejos de constituir la arquitectura de dominación más sofisticada de la historia.
 
Dunia forma parte de los actores ligeros e independientes, capaces de posicionarse con mayor lucidez sobre estas cuestiones. La naturaleza disruptiva de la agenda impone, por un lado, renovar radicalmente los modos de observación y de pensamiento estratégico, combinando las dimensiones inmateriales, geoestratégicas y geoeconómicas. Por otro lado, se hace imperativo interconectar en mayor medida los conocimientos innovadores, los observadores de esta matriz conflictiva y las iniciativas relacionadas con estos retos entre las diferentes áreas geoculturales (anglo, hispano y francohablante).

El proyecto de Dunia sigue siendo brindar herramientas para la acción colectiva en el ámbito de la información y la inteligencia estratégica al servicio del crecimiento de las sociedades. El panorama actual nos anima a orientarnos con mayor firmeza hacia la lucha contra la depredación sistémica y a prepararnos para el ciclo conflictivo que se avecina.
 
¡Excelente fin de 2025 y fuerza para el 2026!
François Soulard
 
Notas
(1) Véanse los trabajos de Gary Webb o John McAfee.
(2) Géopolitique des empires, Gérard Chaliand (Flammarion, 2012).

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1 Emprendedor en inteligencia estratégica, geopolítica y informática. https://dunia.earth. Twitter: @franersees 

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