2026 ESTÁ A LA VUELTA DE LA ESQUINA

 


Existe un modus operandi en todo Occidente.

Autora: Iris Speroni (@SperoniIris)


Cerramos el año y es tiempo de posar la mirada sobre lo sucedido y a suceder.

El presupuesto nacional 2026 dedica una cantidad ínfima de dinero a la Defensa.


Me hizo pensar … que existe una continuidad en todo lo que nos sucede desde 1982 a hoy.


Como soy vieja, recuerdo con claridad cuando la ministra Nilda Garré no reponía aquello que se volviera obsoleto, ya fueran buques, tanques, aviones; así como los oficiales de la Fuerza Aérea que fallecieron por la falta de mantenimiento de aeronaves.


A pesar de la temporaria prosperidad del kirchnerismo, gracias a la incorporación de China al mercado de los forrajes (soja, maíz), el gobierno de ese entonces no destinó dinero a la defensa. Derrochó a diestra y siniestra, pero no se ocupó de nuestras FFAA.


También recuerdo cuando Menem desmanteló el proyecto Cóndor y entregó a extranjeros la Fábrica Militar de Aviones.


O como todos los gobiernos, sin excepción, vendieron tierras propiedad de las FFAA cuyas rentas deben ser destinadas a las fuerzas, por ley.


No hablemos de Macri, al que Peña tuvo que forzarlo a ir a un desfile del (10) de Julio por los 200 años de nuestra independencia.


Fue un largo proceso continuo, donde se buscó romper todo lo que había y ahora lo que queda. Se intentó incluso cerrar los liceos militares. Se derogó (!!!!) el Código de Justicia Militar. Es imposible listar todas las barrabasadas con las que nos humillaron desde 1982 a hoy. 


No nos engañemos. Es exigido desde el exterior y cumplido por los gobernantes locales - cualquiera que sea su signo político -. Por eso ponen radicales de ministros de defensa. Cuando no ex o supuestos montoneros.


Este análisis puede ser extrapolado a absolutamente todas las áreas del quehacer nacional.


La educación ha sido dinamitada consistentemente desde 1982 a hoy, en un proceso que describí numerosas veces. Alfonsín eliminó los exámenes de ingreso para los secundarios. Siguió con la genialidad de cerrar las colegios industriales, peritos mercantiles y normales, para hacer de todos un gigantesco e inepto guiso bachillerante.


Años después se le pasó la educación a las provincias, lo que las habilitó a éstas a cobrar el impuesto a los ingresos brutos. La universidad es un desmadre, donde no existe ninguna planificación de qué carreras necesita el país. La escuela primaria es un depósito de niños, a los que los “progres”, todos financiados desde el exterior, imponen las modas financiadas por USAID, como demostró este año el gobernador Kicillof.


Ningún gobernador atinó a revertir ninguna de las porquerías implementadas en estos 43 años. ¿Por qué? ¿Por qué no podría el gobierno de la Ciudad poner examen de ingreso al Otto Krause, por ejemplo? Nada lo impide, excepto la falta de voluntad. Total, los gobernantes mandan a sus hijos a colegios privados.


La destrucción de la educación argentina fue planificada en el exterior e implementada por agentes locales, como se hizo en su momento con el ferrocarril (Plan Larkin). Los “pedagogos”, como Puigróss o Filmus, amparados por instituciones externas como BM o BID, fueron premiados con diputaciones. A los buenos empleados se les paga bien. Roma sí paga traidores.


Después de 43 años de perder la Guerra en el Atlántico Sur, no hay infraestructura de transporte en nuestro país. Sin FFCC, ni flota (a pesar de exportar más de 60.000 millones de dólares de cereales por año no tenemos un sólo buque cerealero). Ahora se está destruyendo la exigua red vial por falta de mantenimiento. La aviación no está mejor, pero no voy a entrar en detalles.


Existe un hilo conductor. Quien se aparta del guión es cancelado, atacado y llevado al ostracismo. No importa si quien hace de perro de presa sea de “izquierda” o de “derecha”. Los puntos en común entre C5N, LA NACIÓN, CLARÍN, AR 12 y Página 12, Perfil y Fontevecchia, Telefé, etc. exceden las marginales divergencias. El discurso es uno sólo para todos ellos.


* * *


Creo que hay que ponerse a pensar. 


La respuesta no va a venir de quienes nos trajeron hasta aquí. Tampoco de quienes, pudiendo cambiar, aunque sea marginalmente, el estado de cosas, eligen perseverar en la destrucción.


Existe un modus operandi en todo Occidente. Nuestra situación no es diferente de la de los estados de EEUU o de su propio gobierno federal, o de las naciones de la UE, o Can/Aus/NZ. Todos ellos se enfrentan a las mismas dificultades: estamentos estatales cooptados, al igual que la academia y la prensa, deuda soberana creciente, deterioro de la infraestructura y caída o estancamiento del ingreso. Tal vez en distintos grados que el nuestro, el cual es calamitoso, pero el patrón es el mismo.


Hay que pensar y pensar mucho. Encontrarle la vuelta a esta trampa; la cual, en el peor escenario, puede terminar en una guerra (una más) entre países blancos cristianos mientras Rothschild & Co. se ríen de nosotros. Es decir, lo mismo que ha ocurrido en los últimos 120 años. El peor escenario posible es que inventen una guerra en Europa. Con eso se desharían de los hombres blancos cristianos que quedan. No es un mal negocio para los banqueros.


Occidente va hacia un cambio de sistema financiero. ¿Cuál? No sé. Pero no será lo mismo. Tal vez la guerra les ayude a implementarlo o puedan prescindir de ella. Lo que queda claro es que EEUU nunca va a tener su propio banco central.


Deberemos defender como uñas y dientes que Argentina no participe de una tercera guerra mundial. 


En la primera, nuestra neutralidad fue una decisión de la élite que gobernaba Argentina, la cual tenía conciencia de su valor; en la segunda, nos salvó Inglaterra (necesitaba nuestra neutralidad para que Alemania no hundiera a los barcos que iban con alimentos a Liverpool). 


Veremos si en esta oportunidad hay alguien con tres dedos de frente. 


Pero son temas para el futuro. Ahora nuestras preocupaciones son otras.


Debemos recomponer nuestra industria, educación e infraestructura de transporte y energía.


El pueblo debe recibir buena educación y alimentarse bien (carne, fruta y verdura). Todos deberíamos tener un techo sobre nuestras cabezas. Cosas sencillas que en un país como el nuestro no deberían ser de difícil consecución.


El problema es el cómo. Estamos como en esas películas de aventuras. El héroe atado a la silla y el malvado a punto de pegarle un tiro. Ver si con un clip se suelta las manos, roba el revólver y mata a sus captores. 


Todo cambio es una oportunidad. Cuando las potencias se distraen, Argentina florece. 


Es momento de analizar todos los escenarios posibles y armar estrategias para cada uno de ellos.  Pero no ahora. Ahora es tiempo de amigos, familia, asado y esperanza. Que no falte un plato de comida en ningún hogar argentino y que todo argentina tenga un hogar: ése es mi deseo para el próximo año.


Les deseo a todos que el 2026 venga mejor, con trabajo y prosperidad, salud y amor, invocando la protección de Dios, fuente de toda Razón y Justicia.


Un abrazo a todos y ¡Feliz 2026!


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PD: Ojalá que se nos dé lo que nadie logró, repetir el mundial, uno de los días más felices de nuestro pueblo. Que el tetracampeonato nos espere.


PD 2: Recuerdo lo que escribí el 17/12/2022:


Otro sí digo:


Temas personales: Tengo 59 años. Vi a Argentina ganar en fútbol en 1978 y 1986 y dos medallas de oro JJOO. Me di otros lujos. Ver ganar la Copa Davis, que se había deslizado de los dedos de Vilas, Clerc, Jaite. Cecilia Rognoni y Luciana Aymar elegidas las mejores jugadoras del mundo (hockey sobre césped) numerosas veces, la selección femenina campeona mundial, la masculina oro olímpico. Basket, medalla oro JJOO y campeones mundiales. Numerosos premios en el Dákar, Pechito López campeón mundial. Oros JJOO en ciclismo, vela, artes marciales, en fin, seguro me olvido de varios. Vi jugar al rugby a Hugo Porta, Santiago Gómez Cora, Marcos Moneta (ahora mejor jugador del mundo). Cracks como Adolfo Cambiasso, de quien Maradona dijo “Me gustaría ser el Cambiasso del fútbol”. Antes de irme de este mundo quisiera ver a Argentina campeón mundial de rugby, en JJOO y en XV. Con eso, cartón lleno.

Agrego ¿Cuarta estrella?

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