Inocentes Minorías (?)

Autora: Crai (@cecirai)

Hace poco vi una parte de una entrevista que le hace a Vladimir Putin Megyn Kelly, una periodista de NBC. La entrevista nunca salió al aire, según lo que dicen quienes la subieron, y con razón. En el extracto al que hago referencia Putin habla sobre la ideología de género; no la define en términos de buena o mala, la aplica a ejemplos concretos, y a los efectos que tiene esa aplicación: “imagine si yo exigiera la ciudadanía de Estados Unidos, porque me percibo estadounidense”. Imagínense.
Imagínense que por autopercibirnos como una minoría, en muchos casos traidísima de los pelos, exigimos no la igualdad de derechos (que es lo que quisieron y lograron hace años los negros y los homosexuales), sino derechos exclusivos a nuestra autopercepción. Y que en el 99% de los casos implicara quebrantar la ley, abarcando un rango amplísimo que va desde fumar en un lugar donde ponemos en peligro a miles de personas o que se permita el sexo con menores sólo porque alguien de 35 años se percibe como un niño de 8.


Imagínense que además del derecho al matrimonio, a la herencia, a la adopción plena, por autopercibirnos como una minoría X también deben darnos casa y trabajo; no IGUALDAD de acceso a la oportunidad de tenerlos, sino casa y trabajo per se. Imaginen que un día descubrimos que por ser más o menos caucásicos, descendientes de inmigrantes, heterosexuales, padres y madres, gustosos de recibir atención médica en hospitales y por parte de profesionales, somos objeto de una persecución ideológica y racial que nosotros jamás ejercimos sobre nadie, porque además de todos los adjetivos anteriores tuvimos padres más o menos piolas que nos inculcaron de chicos que todos somos iguales y cada uno hace de su culo un florero, vos cuidá el tuyo. ¿Vos no querés tener hijos? ¡Fantástico! Yo sí. Y cada quien sigue su camino. Pero no. No hay una sola minoría que no pretenda imponerse sobre las demás, ninguna.



A quienes no andamos por la vida puteando a los gritos al que no quiere comer carne, o tener hijos, no le gusta Pink Floyd o prefiere creer que las vacas vuelan (de noche, cuando todos dormimos) en lugar de cualquier deidad, nos resulta muy difícil comprender el cómo una charla casual sobre comida se convierte en una diatriba fundamentalista sobre el veganismo, la crueldad animal, condimentado con conspiraciones varias de las cuales siempre es culpable Estados Unidos, porque Yoko Ono ya tiene 84 años y no jode a nadie.

Imaginen por un minuto, a dónde vamos con todo esto. Putin postula, en otro momento de la entrevista, que la ideología de género apunta directamente a que la humanidad deje de reproducirse. El sexo heterosexual con fines reproductivos se ha convertido en una práctica aberrante, mientras se naturaliza la pederastia como “una forma más de amor”, y se acusa a un hombre de violador por no querer tener sexo con una persona transexual. Hemos perdido incluso, y en algunos lugares hasta por ley, el adjetivo madre, para ser reemplazado por el “persona gestante” que no ofende a nadie. No ofender es, hoy, más importante que la integridad física de un niño de 5 o 6 años, o la libertad de andar por la calle sin que alguien decida que vestís o hablás de manera ofensiva y te viole y/o mate por eso.
Imaginemos que, además de lo biológico, esto de la autopercepción tiene fines un poco más interesantes. Imaginemos que un día nos aburrimos de ser blancos, clase media, descendientes de europeos, y decimos “vamos a autopercibirnos como de una etnia, dale”, nos ponemos un poncho, una cinta en la cabeza (sin dibujos mapuches, como todas las que vimos), algunos aros y collares y ¡pum! de pronto somos MAPUCHES. Como tales, comenzamos a exigir nuestros derechos, los derechos de pueblos originarios. Intentamos primero en el país del que somos originarios, de allá nos sacan literalmente carpiendo, entonces cruzamos la cordillera. De este país no somos originarios, y la única actividad de la que hemos dejado vestigio es el robo de ganado, el secuestro de mujeres y niños y la aniquilación sistemática de los tehuelches, que sí eran originarios, y es casi tan legítimo como reclamar territorio sueco, pero vamos para adelante, exigiendo a un Estado que no reconocemos que aplique leyes a las que tampoco nos sometemos.
Imaginemos que sucesivos gobiernos nos van dando la razón, no porque seamos originarios en sí sino por una reforma ridícula de la Constitución Nacional, y porque queda bien, entonces como autopercibidos mapuches vamos recuperando tierras que en realidad no nos pertenecieron nunca. Imaginemos que le reclamamos la tierra a Benetton, pero no a Báez, imaginemos que vamos a tener que recular con pedir el Chapelco porque Capozzolo se lleva todo y mejor conformarnos con el canon, imaginemos que nos ayudan espías de la última Dictadura Militar que ahora están en medios opositores y colaboran a instalar nuestra idea de que el blanco malo nos quiere robar la tierra a la cual jamás le echamos una sola semilla.


Juntemos todos esos imaginarios, agreguemos un poco de discurso progresista de gente que vive a 1800 km, por lo cual resulta improbable que le incendien la casa porque no le cediste el paso para cruzar a un minoritario pero les resulta “re-positivo”, que en las escuelas te obliguen a aprender mapuche,otro poco de organismos de derechos humanos, sumemos la cronología genial de @folkersam y voilà! todo el conflicto mapuche explicado. ¿O imaginaban que los mapuches quieren recuperar lo que en principio no es de ellos por amor a su cultura y su cosmovisión? Si es así, deberían autopercibirse como inocentes palomitas.

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Agradeceremos la difusión del presente artículo: 

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