LA OTRA CARA DEL MIEDO


La policía no pudo justificar en tiempo y forma sus capturas, ni practicó la debida identificación de los detenidos.


Autor: Santiago González (@gauchomalo140)

Nota original: https://gauchomalo.com.ar/la-otra-cara-del-miedo/


La represión ha sido el instrumento favorito del gobierno, primero contra la inflación, el gasto y el valor del dólar, y ahora contra el reclamo social


El extravagante operativo policial montado por el gobierno para reprimir un reclamo callejero por las pensiones jubilatorias, y su chapucera ejecución, plantea una duda interpretativa: uno no acierta a decidir si fue una simple muestra de incompetencia, al nivel de los Keystone Cops de la época del cine mudo, o una astuta maniobra de distracción para apartar de los titulares, aunque sea por unos días, los temas de la cripto moneda, las cripto valijas y el cripto acuerdo con el FMI.

Las torpezas y el desorden evidenciados, paradójicamente, por las fuerzas del orden, contrastantes con la intimidante modernidad de su equipamiento importado, darían mucho argumento para la broma, pero la risa se congela porque un fotógrafo que documentaba los incidentes fue alcanzado en la cabeza por una granada de gases mal disparada y pelea en estos momentos por su vida en un hospital de la ciudad.

El reclamo tuvo lugar frente al Congreso, como ocurre todos los miércoles desde hace algunos meses, y como siempre generó refriegas entre los manifestantes y una policía no preparada para contener la protesta social. Esta vez la concurrencia fue más numerosa porque hinchas de diversos clubes de fútbol decidieron sumarse en apoyo de los ancianos, lo que llevó al gobierno a montar un descomunal operativo de seguridad.

Los incidentes entre los manifestantes y las tropas desplegadas por la ministra Patricia Bullrich comenzaron desde temprano, más de una hora antes de la cita en la plaza, cuando la concurrencia apenas comenzaba a llegar. Los cronistas pudieron documentar cómo fueron las propias fuerzas policiales, resueltas “a pudrirla”, según el lenguaje de la calle, las que desataron las reacciones violentas, lanzando gases lacrimógenos contra los manifestantes sin que nada lo justificara.

Una joven contó ante las cámaras cómo alguien que parecía estar protestando a su lado, en un momento dado extrajo una especie de aerosol y le arrojó gas pimienta a la cara. Chapuzas dignas de los Keystone Cops. El gobierno culpó a “barrabravas” del fútbol por los enfrentamientos, pero cronistas deportivos que conocen a esos personajes casi por su nombre aseguran que los “barras” estuvieron ausentes de las inmediaciones del Congreso.

Dejando de lado operaciones previas “de inteligencia”, por llamarlas de algún modo, como la rara difusión que tuvo en las redes una convocatoria a la marcha presuntamente emanada del montonero jubilado Mario Firmenich o la aparición de volantes fraguados con instrucciones para provocar incidentes, los cronistas pudieron documentar anticipadamente diversas trampas oficiales tendidas para incitar a la violencia.

Les resultó sencillo porque esas maniobras ya son conocidas. Salieron a buscarlas, y las encontraron: pilas de escombros disponibles por donde habitualmente se desplazan los manifestantes, vehículos policiales abandonados en la zona de la concentración, con una caja de fósforos a mano, y hasta armas de fuego dejadas caer como al descuido (la acción fue filmada) para que alguien las recogiera y fuera inculpado luego por tenerlas en su poder.

El mamarracho planeado, conducido y ejecutado por la ministra Bullrich, quedó coronado con las detenciones al azar practicadas por las fuerzas a su mando, en su gran mayoría lejos del escenario de los incidentes y cuando éstos ya llegaban a su fin, entre personas que se retiraban del lugar y simples transeúntes que marchaban por calles laterales. Ésta ha sido una práctica habitual bajo el actual gobierno.

Las cámaras tomaron a un grupo de estos detenidos, amontonado por la policía en una vereda, y era evidente por su aspecto, su indumentaria, y su talante resignado y en modo alguno desafiante, que esas personas poco o nada habían tenido que ver con los incidentes. Dos escolares que regresaban a su casa y ambulaban tratando de encontrar el recorrido de su colectivo fueron maniatados por los agentes y así pasaron la noche a la intemperie.

Como ya ocurrió en casos anteriores, las detenciones nunca alcanzaron a los protagonistas de los episodios más violentos, ocurridos a la vista de todos. Ni la policía uniformada ni la policía de civil lograron detener, ni tampoco identificar, a los que por ejemplo incendiaron los móviles policiales, como no lo hicieron cuando personas que incluso habían sido filmadas incendiaron un vehículo de Cadena 3 durante las protestas del año pasado contra la Ley Bases.

La policía no pudo justificar en tiempo y forma sus capturas, ni practicó la debida identificación de los detenidos, por lo que la jueza interviniente ordenó la libertad inmediata de todos mientras se investiga su situación. Su decisión fue razonable en principio porque las fuerzas no hallaban lugar donde alojarlos y permanecían en la calle o en móviles policiales. Cosas que les pasan a los Keystone Cops. De paso, la magistrada se ocupó de recordar a quien quisiera interesarle la vigencia constitucional de ciertos derechos civiles a la expresión y la protesta.

La jueza fue acusada desde el gobierno y sus medios afines de kirchnerista, garantista, camporista y zaffaroniana, todo lo cual, además de irrelevante, no le quita sensatez a su decisión. En el mismo sentido peyorativo, Pato Bullrich acusó de patotera a una anciana de 82 años que sufrió una herida en la cabeza cuando un policía la arrojó al suelo de un empujón, y de algún modo justificó lo que le había ocurrido al fotógrafo porque, dijo, era militante y kirchnerista.

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Por razones de edad y de educación, probablemente los integrantes del gobierno no conocen a los Keystone Cops de Mack Sennett, apenas si han oído hablar de las varias Locademias de policía, y tal vez ese desconocimiento explique su euforia por el accionar de Bullrich, convencidos de que hizo la gran cosa. Pero en esta semana que se inicia, toda la atención del público sobre este tema se va a concentrar en la salud de Pablo Grillo, el fotógrafo herido por la policía, y no va a ser benévola con el gobierno, ni siquiera con el mejor de los desenlaces

El entusiasmo represivo oficial —“le estamos ganando a la violencia”, dijo Bullrich; “con más violencia”, le faltó agregar— se explica por la necesidad de reponerse del doble golpe de los cripto escándalos, que dejaron noqueado al gobierno, sin capacidad de reacción, y por añadidura en momentos en que la discusión de las listas para las próximas elecciones agita las tensiones internas y remueve viejos rencores, como se vio en el Congreso.

Pero los cripto escándalos van a volver inexorablemente al primer plano. En el caso de la moneda $LIBRA, nuevos indicios van ampliando el radio de los involucrados locales en la estafa, y para peor sin superar el círculo más próximo al presidente, mientras las causas judiciales siguen su marcha inexorable, más temible cuando se tramitan en los tribunales estadounidenses.

En el caso de las valijas voladoras, que según la versión oficial llegaron desde Miami, pasaron una semana “en tránsito” en un resort del Aeroparque y siguieron luego viaje a París sin darse una vueltita siquiera por la plaza de Mayo, casi toda la información disponible hasta ahora fue aportada por el periodista Carlos Pagni, y lo que se sabe roza otra vez lo desopilante: esas maletas, si no entendí mal, compartieron servicios aéreos con las famosas del venezolano Antonini Wilson.

Estos extravíos, y el desasosiego que generan en lo más alto de la cúpula del gobierno, no sólo lo vuelven más autoritario e intransigente sino que debilitan por eso mismo su capacidad para responder con ductilidad política a dos grandes retos que tiene inmediatamente por delante en el ámbito legislativo: la designación de los dos jueces que le faltan a la Corte Suprema, y la aprobación del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.

El cripto acuerdo, que el gobierno se autoaprobó mediante un DNU sin informar al Congreso sobre su contenido, le jugó este viernes una mala pasada precisamente por su mismo secretismo. Rumores sobre sus condiciones, especialmente respecto de la lucrativa práctica del carry-trade, hicieron que muchos deshicieran posiciones en pesos para recuperar sus dólares. En una sola jornada el Central perdió casi 500 preciosos millones, y nadie sabe si la sangría se detuvo allí.

Los cronistas legislativos pronostican una derrota del oficialismo en la cuestión de los jueces supremos, con un rechazo en el Senado de los pliegos de ambos magistrados, lo que llevaría a Manuel García-Mansilla a renunciar a su posición en el alto tribunal, que había sido reconocida como válida por los otros tres integrantes en ejercicio. Igualmente incierta es la suerte del DNU sobre el cripto acuerdo: la oposición sabe golpear cuando ve a su rival trastabillando.

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