LA GORRA

 


Una fábula muy bien vendida que nos trajo hasta acá donde estamos hoy, en medio del infierno.


Autor: Juan Martín Perkins   


Nunca olvidé cuando mi abuela me encomendó el primer mandado al mercadito que quedaba a dos cuadras y me presentó al policía que estaba en la esquina. Ella me enseñó que tenía que acudir al vigilante por cualquier dificultad que tuviera en la calle. 


Mi tío abuelo, hermano de Mami, era comisario de la Federal y una autoridad aliada de la sociedad en la familia, en la escuela, en el barrio y en las calles del país. 


En la Argentina de aquellos tiempos, los buenos eran los policías y usar uniforme era un orgullo para el que lo vestía y para su familia, ya fuera policía o militar. Así me educaron.


Desde 1983 a la actualidad, con la democracia que se cura, se come y se educa, hemos llegado al extremo decadente de escupir en la cara a los bomberos, porque vestir uniforme, aunque sea de ascensorista, es una deshonra sospechada de ortiva, genocida y otros deméritos del relato nacional y popular.


Todo argentino medianamente informado sabe que en el país funciona una escuela de testigos falsos para enchufarte el cuento de los DDHH S.A., la multinacional del drama y la industria del juicio que vive de las indemnizaciones.


Una fábula muy bien vendida que nos trajo hasta acá donde estamos hoy, en medio del infierno creado por un pacto entre un presidente llegado al poder tras un magro 22% de los votos y el jefe de la inteligencia terrorista de los años 60/70  que aún opera y que aportó la legitimidad que da la zurda para robar y mentir con autoridad.


Todos los argentinos sabemos lo que hicieron con la justicia, todos sabemos lo que aún hace hoy el garantismo, aún con gobierno libertario y vicepresidente de la familia militar.


Aunque sabe, la gran mayoría, mira para otro lado porque está cómoda y no quiere problemas, incluso en el ámbito castrense, donde no importan los camaradas presos a los que se abandona a morir en el cruel y desagradecido olvido.


Doloroso pero cierto, ésta es una faceta argentina que puede vivir sin cargo de conciencia mientras asiste, impávida e impotente, al espectáculo aberrante de cada miércoles, en que se desgasta al gobierno recién elegido para despojarlo de la más mínima condición de gobernabilidad.


Me pregunto qué sentido tiene auto engañarnos y fingir que los períodos de gobierno son de 4 años, sí cuando no gobiernan “ellos”, crean la anarquía para que no gobierne nadie.


Siempre pagan los mismos y los usan para hacer política de la más chicanera y barata.


Hipócritamente, los golpistas usan a los jubilados fingiendo solidaridad…  y también usan a la policía para dar rienda suelta a sus demonios llenos de odio.


¿Se imaginan vestir uniforme y salir a cumplir con el deber de guardar el orden para una sociedad que casi los desprecia? 


Sin armas, muchas veces sin los elementos de seguridad necesarios, de cuerpo gentil ante una horda de violentos que se vale de unos pocos jubilados para usarlos como escudos.


Y todo el sacrificio para que una jueza zafaroniana, en menos de 2 horas libere a todos los detenidos sin siquiera averiguar antecedentes ni el causal de la detención.


Por agredir a un policía: en Nueva York te dan entre 20 y 25 años de prisión, en Italia 10 a 12 años, en Moscú 7 a 10 años, acá el reo queda libre en 2 horas y va a tomarse venganza con la familia del policía que quedó sumariado y preso por detenerlo.


El objetivo fue instalar una justicia de la venganza para policías y militares …  y un negocio multimillonario (el curro de los DDHH)... lo lograron, los uniformados lo padecen y los argentinos lo pagan de su bolsillo con impuestos y vergüenza.




Juan Martín Perkins


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